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La luz roja está encendida. El Fondo Monetario
Internacional (FMI) alertó ayer de que una caída
en el precio de la vivienda y en la inversión
residencial pueden anticipar la llegada de la recesión
económica. No es el caso aún de España.
Pero el FMI habla de una sobrevaloración del
precio real del 20% que califica de insostenible. Y
asegura que la española es una de las economías
más vulnerables ante un debilitamiento del sector.
La innovación que desde hace dos décadas
se observa en los sistemas de financiación de
la vivienda facilitaron el acceso de los hogares al
crédito hipotecario. Y a muchos les permitió
lograr el sueño de tener una casa. Pero también
expusieron a las economías avanzadas a los riesgos
en este sector, al alterar el papel que la actividad
inmobiliaria representa en el ciclo, como explica el
economista jefe del FMI, Simon Johnson.
Irlanda, Reino Unido, Holanda y Francia serían
en este momento los países más vulnerables
a una corrección. España entra en ese
grupo, al que sigue EE UU. Hay tres factores que exponen
a la economía española a los riesgos de
una contracción en el sector de la vivienda,
según el FMI. Primero, la inversión residencial
es la segunda más alta entre las economías
avanzadas, un 9% del PIB, aunque en este momento parece
estable, según los datos que maneja el organismo.
Le supera sólo Irlanda con el 12%. Y está
tres puntos por encima de la media. El segundo factor
es el peso de la construcción. Y tercero, la
exuberancia vista en los precios durante los últimos
años, que según el economista del FMI
Roberto Cardarelli están sobrevalorados entre
un 15% y 20%, el doble que en EE UU. A partir de esto
reconoce abiertamente que "las consecuencias de
un debilitamiento en la inversión residencial
serán mayores en España que en cualquier
otra economía avanzada".
En el informe que presentará para su examen en
la cumbre de primavera (12 y 13 de abril en Washington),
presentado ayer, el FMI señala que la contracción
puede debilitar más a cualquier economía
en fase de desaceleración, de la que se comería
en torno a un 10% del PIB. Los efectos de esa corrección
tardan de dos a seis meses en sentirse.
La política monetaria podría suavizar
las consecuencias negativas de la contracción.
Por eso el Fondo cree que los bancos centrales deben
ser más vigilantes ante el nivel de desarrollo
de los mercados inmobiliarios al definir sus estrategias,
para responder de manera "enérgica"
a la rápida fluctuación del precio. Pero
esto no implica que deban modificar su mandato.
"El precio de la vivienda debería considerarse
como uno de los muchos factores que influyen en la balanza
de riesgos para las perspectivas económicas",
remacha. Un llamamiento que dirige sobre todo a los
países donde es más fácil acceder
al crédito hipotecario, como EE UU.
El FMI presentará el martes próximo su
informe sobre riesgos al sistema financiero y el miércoles
sus previsiones de crecimiento económico. Johnson
habló ayer de "estancamiento" para
EE UU y de "lento crecimiento" en Europa.
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