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Hubo un tiempo en que el Polo Norte tuvo un clima tropical,
con cocoteros y cocodrilos en lugar de iglús
y osos polares, afirman investigadores que han recuperado
por primera vez sedimentos del fondo del océano
Ártico y han reconstruido la historia del clima
polar en los últimos 55 millones de años.
La investigación, que se presenta hoy en la revista
científica Nature, muestra que hace más
de 50 millones de años las aguas del Ártico
estaban a 23 grados. Cuando los modelos informáticos
que los científicos han desarrollado para predecir
el cambio climático intentan simular lo ocurrido
en el pasado, no son capaces de reproducir temperaturas
tan altas. Por lo tanto, "a nuestros modelos les
falta tener en cuenta algún elemento que fue
importante para el efecto invernadero" en el pasado,
ha declarado por correo electrónico Appy Sluijs,
coautor de la investigación de la Universidad
de Utrecht (Holanda). Lo más preocupante, para
Sluijs, es que, "si los modelos subestiman la magnitud
del calentamiento en el pasado, es posible que el calentamiento
futuro también sea peor de lo que los modelos
actuales predicen".
Diecisiete países, entre ellos España,
han contribuido a la investigación a través
del Consorcio Europeo para Perforaciones de Investigación
Oceanográfica (Ecord). En una expedición
científica sin precedentes, tres barcos rompehielos
se adentraron en el Ártico en el verano del 2004
y se situaron sobre la cordillera submarina de Lomonosov
en un punto donde el fondo del mar se encuentra a poco
más de 1.100 metros de la superficie. Durante
tres semanas, se extrajeron sedimentos del fondo del
océano en cilindros de cinco metros de longitud
por siete centímetros de diámetro. Se
extrajeron casi cien cilindros que, alineados, sumaban
430 metros de longitud. Dado que los sedimentos se acumulan
unos sobre otros a lo largo de millones de años,
llegar a las profundidades del subsuelo equivale, para
geólogos y climatólogos, a viajar al pasado.
El análisis de los sedimentos ha revelado que
hace 55 millones de años la Tierra estaba acalorada
por un efecto invernadero más acusado que el
actual. Las pruebas de los primeros icebergs se remontan
a hace 45 millones de años, lo que demuestra
que el Ártico había empezado a enfriarse
coincidiendo con la glaciación de la Antártida;
este resultado resuelve un viejo debate entre quienes
pensaban que la evolución climática de
los dos polos había sido independiente y quienes
pensaban que había sido simultánea. La
tendencia al enfriamiento se mantuvo hasta hace tres
millones de años, cuando, poco antes de la aparición
del género humano, empezó a oscilar entre
calentamientos y glaciaciones por causas que se desconocen.
El reto ahora -destaca Kathryn Moran, coautora de la
investigación de la Universidad de Rhode Island
(EE.UU.)- es "comprender por qué se produjeron
todos estos cambios" para predecir mejor cómo
puede evolucionar el clima en el futuro y prevenir "un
cambio climático de efectos catastróficos".
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