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Poco después de la una y media de la madrugada
del domingo la central nuclear de Santa María
de Garoña fue detenida porque el agua del Ebro,
empleada para refrigerar su reactor, estaba demasiado
caliente. El portavoz de la central, Elías Fernández,
aseguró a ABC que «es la primera vez que
esto sucede en sus treinta años de historia».
Durante un verano normal, el agua del Ebro fluye a una
temperatura media de 22 o 23 grados, pero el pasado
sábado, después de varios días
de intenso calor, alcanzó los 25 grados, superando
el límite que la normativa especifica para la
central. Inmediatamente, se procedió a aplicar
el protocolo previsto para estos casos en sus especificaciones
técnicas de funcionamiento y la central fue detenida.
El suceso, según comentaron expertos del Consejo
de Seguridad Nuclear a ABC, aunque ya se ha producido
alguna vez, es poco habitual en España. Sin embargo,
otros países europeos como Francia o Alemania
sufren con más intensidad las subidas de temperatura.
Este verano, el Gobierno francés ha permitido
incrementar, excepcionalmente, la temperatura máxima
a la que las centrales pueden devolver a los ríos
el agua que emplean para su refrigeración. La
medida pretende evitar que se vuelva a repetir la situación
de 2003, cuando el calor obligó a cerrar o reducir
significativamente la potencia de 16 de sus 58 reactores,
con pérdidas económicas notables para
la compañía eléctrica estatal.
En Alemania, varias centrales han tenido que reducir
ya su producción porque el agua de los ríos
está demasiado caliente.
Reducción del caudal y desembalse
Además de calentar el agua, el clima actuó
de otra manera en el parón de Garoña.
La escasez provocada por la sequía hizo que la
Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE)
redujese la cantidad de agua desembalsada desde los
embalses de cabecera y con él el caudal del río.
El portavoz de Garoña indicó que desde
la central se pidió a la CHE que «normalizara
inmediatamente el caudal, y así lo hizo».
Ahora, se está a la espera de que las aguas del
Ebro «se enfríen un poco» y recuperen
las temperaturas habituales. La intención de
la dirección de la central era ponerla en funcionamiento
a lo largo de la pasada madrugada, siempre y cuando
la temperatura del agua sea adecuada.
Pese a lo sucedido en Garoña, la producción
energética de las nucleares españolas
no está en peligro. «El diseño original
de las centrales en España tuvo en cuenta nuestro
clima cálido, y el impacto de las altas temperaturas
es menor», explicó el subdirector de ingeniería
del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), Antonio Munuera.
Sobre la posibilidad de que otras centrales se tuviesen
que detener por el calentamiento de las fuentes de agua
que las refrigeran, Munuera afirmó que no hay
preocupación porque todas «tienen varios
grados de margen». «No obstante -añadió
el técnico del CSN-, si las temperaturas se aproximasen
a los valores límite, se tomarían medidas».
El mensaje del Ministerio de Industria fue de confianza.
Portavoces oficiales afirmaron que España no
tendrá los problemas de abastecimiento que afectaron
a Francia cuando fallaron sus reactores. «No dependemos
tanto de la energía nuclear como Francia -que
basa el 80% de producción eléctrica en
el átomo-, Garoña es una de las centrales
pequeñas y aún tenemos margen para continuar
con el abastecimiento».
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